KING KONG
Peter Jackson
Nota: *
REMAKE INNECESARIO
Dos obras maestras, dos mitos de la literatura universal, como
fueron La
Bella y la Bestia y El Jorobado de Notre Dame, al parecer, sirvieron
de
inspiración a la primera y gloriosa versión de King
Kong, cuyos asombrosos
decorados incendiados sirvieron de fondo para el pavoroso incendio
de
Atlanta en Lo que el viento se llevó. Otros, en cambio, afirman,
que el
argumento original fue producto de un colosal desengaño amoroso
del
guionista. Fuera como fuere, lo cierto es que King Kong se convirtió
rápidamente en un icono, un referente imprescindible del
cine fantástico,
hasta tal punto que, incluso en nuestros días, su estructura
clásica,
deudora, eso sí, de la mitología griega, sirve de
base a todo buen film de
aventuras que se precie.
No es de extrañar por tanto que el bueno de Peter Jackson,
tras su
triunfante adaptación de El Señor de Los Anillos,
se viera casi en la
obligación moral de contar su particular versión del
mito, dada su conocida
obsesión por la película que marcó su infancia,
aunque dudo mucho que su
particular devoción vaya más allá de la del
típico freaky devorador de
series B, visto lo visto en este decepcionante, patético
e innecesario
remake realizado a mayor gloria de la industria del videojuego y
la consola,
pésimamente escrito (la mitad de la película la constituye
el interminable
viaje a la Isla de la Calavera), peor interpretado (con la única
excepción
de la magnética Naomi Watts en el papel de la rubia aspirante
a actriz que
seduce a la bestia) y montada a ritmo de mareante video-clip.
Ni siquiera en el predecible apartado de los efectos especiales
logra
contentar, pues todo el empeño, la técnica y la pasta
gansa puesta al
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servicio de la causa, se traduce en
un sinfín de trucos bastante cantarines,
unas cuantas patadas a la ciencia (la abrupta llegada a la isla,
la desigual
lucha con los insectos gigantes…) e inverosímiles situaciones
mal resueltas,
salvo en lo que se ciñe escrupulosamente al original, lo
cual dice muy poco
de la aportación del director a la historia.
Existe, además, un apreciable error de fondo, puesto que,
mientras que la
historia original se nos muestra la relación entre bella
y bestia como una
pasión unidireccional, no correspondida (recuerden los gritos
de pavor de
Fay Wray), en esta versión se pasa rápidamente del
terrorífico encuentro a
una especie de heterodoxa relación, muy en la línea
de producciones
sensibleras, como Gorilas en la Niebla, que alcanza su cúspide
en la, a mi
juicio, vergonzante secuencia de patinaje sobre hielo en pleno Nueva
York.
Incluso, por un instante, sentí escalofríos al pensar
que podía cometerse un
último acto de traición, cambiando el trágico
final, de sobra conocido, por
un desenlace abierto a posteriores secuelas millonarias. Por suerte,
mis
temores eran infundados y, esta vez, sí, Peter Jackson respetó
mi memoria
cinéfila, aunque quedó en el aire una pregunta sin
contestar: cuando en la
parte final del film se hace mención crítica a los
artistas que venden su
alma por una entrada, ¿en quién se estaba pensando?
EN RESUMEN
Un lamentable fiasco sólo salvado por la solvencia de la
protagonista, la
expresividad del gorila y la fuerza del argumento. Un consejo: rescaten
el
original
Lo mejor: la puesta de sol en el refugio del gorila, último
superviviente de
una estirpe legendaria.
Lo peor: le sobra, al menos, hora y pico de metraje.
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